Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén. Efesios 3:20-21



La duda puede sobresalir sobre nosotros, una oscuridad imponente que nos hace temer a movernos. El fracaso y el rechazo pueden alimentar a la duda hasta que se convierta en un monstruo. Esta es la duda que vemos en la persona que teme arriesgarse a enamorarse de nuevo, o en el único campeón que ya no usará el uniforme. Esta es la duda que se siente entre un esposo y una esposa que temen ser los primeros en decir: "Lo siento".

Así es con Dios. Algunos de nosotros hemos tenido dudas tan poderosas que Dios parece un cuento de hadas infantil. Hablar con Dios parece tan ridículo como sentarse en el regazo de Papá Noel cuando era adulto. Incluso si Dios estuvo cerca una vez, la duda puede hacer que Dios parezca más que muy lejos. La duda puede hacer a Dios imaginario.

¿Qué mayor rebelión contra Dios, qué mayor maldad, qué mayor desprecio de Dios hay que no creer su promesa? ¿Para qué es esto, sino para hacer que Dios sea un mentiroso o para dudar de que es verdadero? - es decir, ¿para atribuir la verdad a uno mismo pero mentir y la vanidad a Dios?

Es trágico devolver la desconfianza y la sospecha al Dios del amor y la verdad inquebrantables. Lo calumniamos cuando nos negamos a confiar en él. El Padre de la verdad no es el padre de la mentira. El Dios del amor no es el Dios de la crueldad. El Hijo que colgó en una cruz para los pecadores no debe ser considerado como un engañador.

Cuando surja la duda, y llegará, susurrará que Dios no es verdadero, que la Biblia no es confiable y que la sangre de Jesús no es suficiente, no hagas la paz con tales mentiras. No los abraces. No te jactes de ellos. En vez de eso, confiésalos y aferrate más fuerte al Salvador, gritando: “Yo creo; ¡Ayuda mi incredulidad!

De todos los nombres de Dios en la Biblia, mi favorito es "El que es poderoso para hacer todo mucho más de lo que pedimos o entendemos." Nuestro Dios es el mismo que partió al Mar Rojo y alimentó a más de cinco mil en una colina con un poco de pan y pescado. Anhela hacer mucho más de lo que pedimos o somos capaces de imaginar. Desafortunadamente, la mayoría de nosotros nunca le hemos desafiado con nuestros sueños débiles u oraciones poco profundas. Soñemos grandes cosas para Dios. CREYENDO, y preparemonos para un viaje increíble.



Mi oración

Dios Todopoderoso, con humildad y regocijo en mi corazón te doy gracias por el día que comienza, estoy seguro que será una día de victoria, pues caminaré de tu mano y tu me asistirás, harás en mis días lo que hiciste en el pasado. Dame la fe para creer, cuan pequeña que es mi fe, Señor.

Multiplica mi fe, has que crezca y deje de dudar de tus maravillas y grandioso poder, Dame la visión para ver tu plan y creer que anhelas hacer cosas aún más grandes, para tu gloria y honra. En el pasado me has provisto, en el presente me asistirás, y en el futuro me salvarás.

 

En el nombre de Jesús, Amén.



 
 


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