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Reflexiona

El miedo es uno de los problemas más comunes que enfrentamos. Vivimos en un mundo caído lleno de incertidumbres. Los tipos de miedo que enfrentamos parecen infinitos: miedo al fracaso, el futuro, el rechazo, el estar solo, el conflicto, la intimidad, la muerte, la pérdida del trabajo, la enfermedad y una serie de otras realidades. Cuando agrega posibilidades imaginadas, la lista realmente no tiene límite.

Además, las consecuencias pueden ser ruinosas. El miedo nos roba la alegría, la paz y la confianza que debemos tener en Cristo. Fija nuestros pensamientos sobre nosotros en lugar de Dios. Drena nuestra energía física y emocional. Nos impide compartir a Jesús con los demás y servirnos unos a otros. El miedo paraliza al cristiano.

La Biblia, sin embargo, trae buenas noticias: la Palabra de Dios tiene mucho que decir sobre el miedo. Dondequiera que encuentres personas temerosas en las Escrituras, encontrarás repetidamente la respuesta de Dios: “¡No temas!” O “¡No temas!” De hecho, es el comando más frecuente de la Biblia.

Pero es más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad? Es por eso que Dios no deja el asunto como un mero mandamiento. Él proporciona razones sólidas para no temer y nos llama por fe para aplicarlas.

La Biblia, por supuesto, nunca garantiza que no nos sucedan cosas temerosas. Dios no promete una vida "segura", libre de tragedias. Los amigos nos abandonan. Las enfermedades atacan. Los miembros de la familia mueren. Los jefes despiden a los trabajadores.

Pero Dios a través de Isaías garantiza que, en medio de nuestros comprensibles temores, Él nos ama, está por nosotros, está con nosotros y nos ayudará y sostendrá. Nada nos sucederá fuera de su soberana, sabia y perfecta voluntad. Dios caminará con nosotros a través de todas y cada una de las crisis y nos ayudará a manejarlos de manera agradable a Dios.

Cuando el viento se vuelve en contra de ti y ves tus sueños, y tu esfuerzo desvanecerse delante de tus ojos, y te preguntas donde está tu Dios, ciertamente Dios no te ha desamparado, párate ahora en fe y en las promesa de Dios y diles que Dios no te ha dejado sino que tiene algo mejor para ti, que ningún sueño de Dios se desvanece sino que en su compás de espera se hace más fuerte y nos prepara para una gloria postrera mucho mayor que la primera