Salmos 1 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

El justo y los pecadores

1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
    Ni estuvo en camino de pecadores,
    Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.

No así los malos,
Que son como el tamo que arrebata el viento.

Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.

Porque Jehová conoce el camino de los justos;
Mas la senda de los malos perecerá.



Por qué prospera el camino de los impíos? (Jeremías 12,1)

En esta tierra no existe una relación directa entre los pecados que tú o yo cometemos, y los males físicos que tú y yo sufrimos. Tendemos a creer que es así. O que así debería ser: “¿Sufriste un accidente? Algún pecado has cometido.”
Pero la misma experiencia de cada día nos demuestra más bien lo contrario. Se oye constantemente decir: “¿Por qué me sucede a mí esta desgracia, si yo soy bueno?” Lo cual nos parece injusto. Sobre todo si, al mismo tiempo, vemos prosperar a los malos. Y por tanto quedamos confundidos.

Pues bien, es cierto que el mal tiene su origen en la separación de Dios. Cuyos orígenes se dieron desde Adán y Eva. Por eso hay tanto sufrimiento en el mundo.


Para evitarnos esos sufrimientos, vino Cristo. Y se enfrentó al mal como un pararrayos en medio de la tempestad. Él asumió el poder destructivo del pecado y lo anuló, para evitar que nos aniquilara. De esa forma se garantiza la bienaventuranza eterna después de la muerte física, a todos los que creen.


Pero, entre tanto, el sufrimiento llena la tierra. El sufrimiento en esta tierra se pasa llevando a todo el que encuentra por delante. De modo que, muchas veces, los justos pagan por los pecadores. Como le pasó a Jesús: el único justo e inocente. Porque, en realidad, debemos reconocer que, todos somos pecadores y la muerte nos iguala.


La justicia a la que todos aspiramos, y por la que consideramos que vale la pena esforzarse por ser buenos, se aplicará en el día del Juicio. No antes.


Jesús, a sus seguidores, no les prometió dinero y bienestar para esta vida, sino una cruz (piensa en los mártires). De manera que esperamos la victoria final, la resurrección, la felicidad y la vida eterna, donde no habrá más llanto ni aflicción.

Pero eso será al final. Entre tanto, en este valle de lágrimas, el mal se distribuye parejo.
Más bien debemos recordar que, si no nos convertimos, todos pereceremos igualmente.


“Que no nos haga vacilar el hecho de que los malos se enriquecen mientras los siervos de Dios viven en la estrechez. Nosotros sostenemos el combate de la fe con miras a obtener la corona en la vida futura. Ningún justo consigue enseguida la paga de sus esfuerzos, sino que tiene que esperarla pacientemente. Si Dios premiase enseguida a los justos, la piedad se convertiría en un negocio; daríamos la impresión de que queremos ser justos por amor al premio, y no por amor a Dios. Por esto los juicios divinos a veces nos hacen dudar, porque no vemos aún las cosas con claridad”

¿Por qué alguna de las promesas de Dios parecen incumplidas? ¿Por qué algunas oraciones parecen sin respuesta y algunos sucesos aparentan ser injustos? Precisamente porque la tierra no es nuestra última morada. Pero espera; aquí no acaba la historia. Todas las promesas de Dios se cumplirán, todas las oraciones son escuchadas, todas las injusticias serán juzgadas.


Es normal que muchos de nuestros anhelos nunca sean satisfechos en esta tierra. Son normales las frecuentes decepciones. No somos completamente felices aquí, porque no se supone que lo seamos. Sólo Dios hace feliz al ser humano. La tierra no es nuestro hogar final. Hemos sido creados para algo mucho mejor. En la tierra nos sentimos como peces fuera del agua.


Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman

1 CORINTIOS 2:9



 

OREMOS:

Permíteme oh Dios, vivir conforme a esta bienaventuranza, te lo pido en el nombre de Jesucristo.

** ayúdame Señor a no codiciar, a no sentirme atraído, a no necesitar buscar satisfacerme o saciarme en la senda del malo, ayúdame a estar saciado en Tí. Ayúdame a saciarme en tu presencia, en tu palabra, en tu servicio, en Tí,

*** Ayúdame a no buscar cultivar la amistad de los blasfemos. Ayúdame ser luz para ellos y buscar evangelizarlos. Ayúdame a influenciar para que ellos se conviertan a tí y líbrame de convertirme yo a ellos. Padre mío, el blasfemo te odia y yo te amo. El blasfemo te maldice y yo te bendigo. Yo no quiero participar de su consejo, yo quiero participar de Tú consejo. Yo quiero participar y amistarme contigo, yo quiero cultivar tiempo contigo en alabanza y adoración. Yo quiero cultivar tiempo contigo enfocándome en tu buena palabra. Ayúdame Señor.

 

Ayúdame a cultivar la amistad en los que te temen. Aquellos que en la ley del Señor se deleitan, ****

Ayúdame a amar a Cristo, ayúdame a amarte a Tí, ayúdame a amar al Espíritu Santo. Ayúdame a amar tu buena Palabra. Conforme a tu gracia permíteme poder deleitarme en ella. Permíteme gozarme y ser feliz contigo, dame la luz y revelación para caminar conforme a tu buena voluntad por la senda de tus mandamientos.

Padre Celestial ayúdame a meditar en tu palabra. No quiero solo leerla superficialmente, quiero oírla hablarme, permíteme estudiarla, permíteme tomar suficiente tiempo para meditar en ella.

Conforme a tu gracia permíteme memorizarla. Que se pueda cumplir en mí el Salmo 119:11. "En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti"

 Amado Padre Celestial hazme ese árbol plantado junto a las corrientes de tu río. Sustenta mis raíces con el río de tu Espíritu. Nutre Tú mis raíces con tu vida, con tu luz, con tu revelación. Plántame junto a tu río de la vida ahora y para siempre.

Que yo jamás viva insatisfecho, que siempre este saciado por tus aguas vivas. Que jamás busque las aguas extrañas, malas y perversas del consejo de los malos.

** Ayúdame Padre Celestial a ser fructífero. Hazme ser fructífero. Quiero ser fructífero en Tí.

Quiero ser fructífero porque vivo junto a Tí quién eres la fuente de vida. Bendíceme, quiero llevar fruto a treinta, a sesenta y al ciento por uno. No quiero ser estéril, quiero llevar fruto para la Gloria de tu Nombre.

Dame vida y viviré hasta que cumpla esa jornada que Tú has diseñados para mí. Dame vida y tendré vida, sálvame y seré salvo. Dale vigor a mis huesos. Sáname para servirte en Espíritu y Verdad. No apartes de mí tu Espíritu y que siempre me renueve. Crea en mi oh Dios un corazón nuevo y que tu Espíritu me renueve todos los días de mi vida. ¡Que Todo cuanto haga prospere! ****

Padre Celestial, prospera mi vida en forma integral. Prospera mi hogar y mi familia. Prospera mi camino. Prospérame Tú y seré prosperado.

Padre Celestial, ayúdame a entender tu temor. Ayúdame a entender el fin del malo para no desear jamás ni su consejo, ni su senda, ni su amistad. Ayúdame a entender su fin para que mi alma no codicie su vida que es como la paja arrastrada por el viento.

 

Tú en cambio permanecerás por toda la eternidad. Padre mi alma te desea. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Gracias Padre Celestial por nuestro amado Jesucristo. A Él sea la Gloria por los siglos de los siglos, gracias por santificarnos en Él para Tí. Gracias por tu amado Espíritu quién nos preserva y nos prepara para ese encuentro glorioso con Cristo. Porque el Señor cuida el camino de los justos, ***

Padre Celestial gracias por tus cuidados amorosos para con tu pueblo. Gracias por cuidar el camino de cada uno de tus siervos y de cada una de tus siervas. Eres bueno para con tus justos. Eres bueno con los justificados por la gloriosa obra de Jesucristo realizada en la Cruz del Calvario. Gracias Padre.

En el nombre de Jesucristo te danos gracias..

 

Gracias Padre por llamarnos a no andar en el consejo de los malvados, ni a andar por sus sendas, ni a amistarnos con ellos porque la senda de ellos lleva a la perdición.

Gracias por Tú amoroso consejo. Gracias por llamarnos más bien a andar por la senda de tus mandamientos porque no solo tienen promesas para la vida temporal pero por sobre todas las cosas tienen promesas para la vida eterna. Gracias Padre por permitirme orar a la luz de este maravilloso Salmo uno.

Gracias, en el nombre de Jesús.



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