El justo y los pecadores

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
    Ni estuvo en camino de pecadores,
    Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.

No así los malos,
Que son como el tamo que arrebata el viento.

Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.

Porque Jehová conoce el camino de los justos;
Mas la senda de los malos perecerá.




 

 Oh Padre Celestial y Misericordioso Dios, que nos has creado para la bienaventuranza y la felicidad soberana, nos has dado el Libro de los Salmos con una gran cantidad de ejemplos de las formas en que tus hijos pueden acercarse a ti; nos envías una invitación abierta para hablarte con nuestro corazón.

Colocaste aquí al comienzo del Libro de los Salmos, la promesa de que tú mismo bendecirás en tu riqueza, y en tu amor velarás por el justo, aquel que se deleita en obedecerte y meditar en tu palabra. 

Amado Padre, haz que seamos justos. Y ten misericordia de nosotros.

Padre incluso con tal invitación y tales promesas nos engañamos tan fácilmente a nosotros mismos, en pensar que lejos de ti de alguna manera hallaremos frutos dulces en lugar de amargas desilusiones 

Cuando nos asalte la duda, y empecemos a dudar de la sinceridad de tus invitaciones y tus promesas, recuerdanos que, en última instancia, no nosotros, sino Jesucristo es ese hombre justo, nuestro ejemplo y también nuestra perfecta justicia.

Cuando veo, oh Señor, el poder de tu Palabra, me pregunto si puedo ver el poder en mi propia vida. Veo los errores, y todas las veces anduve en el camino de los malvados. Perdóname. Me he sentado a la mesa de los impíos. Tu ley revela el camino que se aparta del mal. Tu palabra es mi deleite, mi satisfacción. No encuentro otra cosa que me llene. 

Ayúdame a caminar. Ayúdame a meditar. Ayúdame a crecer en tu instrucción. Mi alegría, mi fruto, mi paz vendrá de los arroyos de tus aguas vivas. para que cuando tu Hijo Jesucristo aparezca en gloria, sea yo contado entre el número de los redimidos por su sangre. Que así sea.




 

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