Jehová da dominio al rey

Salmo de David.

110 Jehová dijo a mi Señor:
    Siéntate a mi diestra,
    Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder;
Domina en medio de tus enemigos.

Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder,
En la hermosura de la santidad.
Desde el seno de la aurora
Tienes tú el rocío de tu juventud.

Juró Jehová, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec.

El Señor está a tu diestra;
Quebrantará a los reyes en el día de su ira.

Juzgará entre las naciones,
Las llenará de cadáveres;
Quebrantará las cabezas en muchas tierras.

Del arroyo beberá en el camino,
Por lo cual levantará la cabeza.




Una hermoso salmo que apunta a Cristo... 
Nuestro Salvador resucitado,
Sacerdote y Rey,
Sentado a la diestra de Dios.
Y a Su Padre, Él está intercediendo por ti y por mí como nuestro Abogado.
 
Reflexiona sobre todo esto conmigo por un momento.

Jesús, quien sacrificó Su vida por ti y por mí como nuestro Sacerdote, derramó Su sangre como la máxima ofrenda por el pecado en nuestro nombre. Sin embargo, como Rey, Él está en el lugar de autoridad y poder, a la diestra de Dios, y un día gobernará en juicio sobre las naciones y sobre Sus enemigos.
 
No hay otro Salmo más referenciado por los escritores del Nuevo Testamento al considerar al Jesús resucitado ocupando este asiento especial junto a Dios. Esto debería darnos un gran consuelo y esperanza. Hoy Jesús es nuestro Abogado le habla a Dios de nosotros. Como abogado Él, en cierto modo, está “dando una buena palabra” a Su Padre, nuestro Padre. 

Mi oración es que este Salmo les dé esperanza, que estos siete versículos de la Palabra de Dios alienten tu corazón y eleven tu espíritu. Continúa tu día recordando lo que Jesús ha hecho por ti , dónde esta ahora y cómo está intercediendo por usted en este mismo momento. 

Bendiciones!

Tu consejero espiritual.




 Amado Señor,
abre nuestros ojos para ver, como lo hizo el salmista, quién eres: nuestro Rey, nuestro gran Sumo Sacerdote celestial y nuestro Juez. Danos el coraje, el poder y la determinación para formar parte de tu ejército victorioso.

Padre amoroso, gracias porque eres un Dios bueno y misericordioso y que un día reinarás en justicia y justicia sobre la tierra. Prepárame, te lo ruego, para ser la persona que Tú quieres que sea, hasta el día en que nos encontremos cara a cara, en el nombre de Jesús te lo ruego, AMÉN.




 

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