17 Haz bien a tu siervo; que viva,
    Y guarde tu palabra.

18 Abre mis ojos, y miraré
Las maravillas de tu ley.

19 Forastero soy yo en la tierra;
No encubras de mí tus mandamientos.

20 Quebrantada está mi alma de desear
Tus juicios en todo tiempo.

21 Reprendiste a los soberbios, los malditos,
Que se desvían de tus mandamientos.

22 Aparta de mí el oprobio y el menosprecio,
Porque tus testimonios he guardado.

23 Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí;
Mas tu siervo meditaba en tus estatutos,

24 Pues tus testimonios son mis delicias
Y mis consejeros.




ORACION

Oh SEÑOR, se que me bendecirás con la abundancia de tu gracia para cumplir tu palabra, porque sin tu gracia no tengo esperanza de guardar tu ley. Soy ciego. Abre mis ojos, Señor, para que pueda ver bien, y llegue a comprender las maravillas de tu ley (Colosenses 2: 2-3, Romanos 10: 3-5), y la promesa de tu salvación que es el fin de ella. .

Este mundo no es mi hogar, mantén mis pies en el camino correcto; guardar tu ley siempre delante de mí sea mi mas ferviente deseo, no sea que me deje llevar por las distracciones fugaces de este mundo y pierda el rumbo. Mi alma anhela ansiosamente tus juicios; Enfoco mi vida firmemente en tus mandamientos, porque anhelo ser fiel a tu palabra., Porque tu verdad es siempre mi deleite y mi verdadero consejo.




REFLEXION

El otro día sembre unas fresas en mi jardín, con la esperanza de verlas crecer y probar su maravilloso fruto, y es que no hay nada como un tomate maduro o una fresa recién sacada del jardín. Ninguna fruta o verdura comprada en el mercado y recolectada de la cosecha de tu jardín o tu huerta tendrán el mismo sabor. Poder crecer y madurar unido a la fuente de crecimiento es lo que permite que las frutas y verduras crezcan a su máximo potencial. Y así es con nosotros. 

La oración de David también puede ser nuestra oración. Podemos orar para que Dios nos trate generosamente. Él quiere madurarnos para producir una cosecha abundante, tal como lo hizo con David. Quiere ayudarnos a deshacernos de las malas hierbas en nuestras vidas. Podemos empezar hoy con estos versículos y orarlos hoy. Podemos empezar abriendo los ojos a sus órdenes. Podemos empezar por permitirle que sea nuestro consejero, tal como lo fue con David.




 

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