Resh

153 Mira mi aflicción, y líbrame,
    Porque de tu ley no me he olvidado.

154 Defiende mi causa, y redímeme;
Vivifícame con tu palabra.

155 Lejos está de los impíos la salvación,
Porque no buscan tus estatutos.

156 Muchas son tus misericordias, oh Jehová;
Vivifícame conforme a tus juicios.

157 Muchos son mis perseguidores y mis enemigos,
Mas de tus testimonios no me he apartado.

158 Veía a los prevaricadores, y me disgustaba,
Porque no guardaban tus palabras.

159 Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos;
Vivifícame conforme a tu misericordia.

160 La suma de tu palabra es verdad,
Y eterno es todo juicio de tu justicia.




119: 153-160 Cuanto más nos aferramos a la palabra de Dios, tanto como nuestra regla como nuestra estancia, más seguridad tenemos de liberación. Cristo es el Abogado de su pueblo, su Redentor. Aquellos que fueron vivificados por su Espíritu y gracia, cuando estaban muertos en sus delitos y pecados, a menudo necesitan que la obra de la gracia reviva en ellos, de acuerdo con la palabra de la promesa. Los impíos no solo no cumplen los estatutos de Dios, sino que ni siquiera los buscan. Se jactan de ir al cielo; pero cuanto más persisten en el pecado, más lejos está de ellos. Las misericordias de Dios son tiernas; son una fuente que nunca se puede agotar. El salmista ruega por la gracia vivificadora de Dios. Un hombre, firme en el camino de su deber, aunque tenga muchos enemigos, no debe temer a ninguno. Aquellos que odian el pecado de verdad, lo odian como pecado, como transgresión de la ley de Dios y transgresión de su palabra. Nuestra obediencia sólo agrada a Dios y nos agrada a nosotros mismos cuando proviene de un principio de amor. 




Todos, en cada época, que reciben la palabra de Dios con fe y amor, encuentran fiel cada palabra en ella.Dios. Abba. Padre.

Cuando vemos tu gracia, nos maravillamos. Tu amor, tu compasión, tu misericordia es grande. Nuestros corazones y nuestras mentes recuerdan tus caminos. Ayúdanos. Perdónanos. Mantennos en tu camino.

Aquellos que te han dado la espalda no tienen esperanza. Tenemos esperanza. Tenemos confianza. Dependemos de sus caminos, que son justos y verdaderos. Amamos tu palabra. Es nuestra guía. Tu palabra es verdad. Tu palabra es vida.

Te damos gracias porque tu palabra es eterna. Dura para siempre. Podemos confiar en tu palabra. Gracias por nuestra salvación.

Por Jesús, que es nuestra vida.

Amén.




 

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