Necedad y corrupción del hombre

(Sal. 53. 1-6)

Al músico principal. Salmo de David.

14 Dice el necio en su corazón:
    No hay Dios.
    Se han corrompido, hacen obras abominables;
    No hay quien haga el bien.

Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres,
Para ver si había algún entendido,
Que buscara a Dios.

Todos se desviaron, a una se han corrompido;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

¿No tienen discernimiento todos los que hacen iniquidad,
Que devoran a mi pueblo como si comiesen pan,
Y a Jehová no invocan?

Ellos temblaron de espanto;
Porque Dios está con la generación de los justos.

Del consejo del pobre se han burlado,
Pero Jehová es su esperanza.

!!Oh, que de Sion saliera la salvación de Israel!
Cuando Jehová hiciere volver a los cautivos de su pueblo,
Se gozará Jacob, y se alegrará Israel.




 

Padre Celestial, cuando considero la profundidad de la depravación a la que ha caído la humanidad y el asombroso precio redentor que pagaste para redimir mi vida del pozo de la destrucción, solo puedo alabarte y agradecerte con todo mi corazón, alma y mente. y fuerza. Que nunca me vuelva indiferente a mi gran salvación o complaciente en mi caminar cristiano. Que pueda vivir cada día para Tu alabanza y gloria, porque solo Tú eres digno de toda mi alabanza y honor, no solo en este mundo sino a lo largo de las edades eternas por venir. Gracias Padre celestial, en el precioso nombre de Jesús, AMÉN.

 

Padre Celestial, con el conocimiento de que la humanidad ha caído en tal decadencia moral, te alabamos y te damos gracias porque en tu bondad y gracia preparaste un camino de salvación para todos los que quisieran confiar en la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo para la perdón de pecados y vida eterna. Oramos para que mientras todavía es hoy, muchos 'necios' que han negado la existencia de Tu Persona y la verdad de Tu Palabra sean convencidos de sus pecados y se vuelvan al Señor Jesucristo ... para el perdón de los pecados y la vida eterna. . Te lo pedimos en el nombre de Jesús, AMEN.




 

Aunque no somos justos, Dios ha provisto una justicia aparte de la perfecta obediencia a la Ley de Dios. Dios nos da su justicia a través de la persona de Jesucristo. Lo recibimos por fe en Jesús y lo recibimos por gracia como un regalo de Dios. Aunque todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios, somos justificados por la gracia de Dios mediante la redención de Jesús. Mediante la muerte de Cristo se paga nuestra pena y Jesús nos da su justicia perfecta e irreprensible. Jesús toma nuestra ropa inmunda de pecado y nos da su manto puro e irreprensible de justicia. ¡Qué noticia tan increíble!

La gracia de Dios vence no solo nuestro propio pecado, sino también nuestra incredulidad. Aunque todo ser humano vive como un necio, negando la existencia de Dios, Dios, por su gracia soberana, vence hasta el corazón más duro y les concede el conocimiento de sí mismo. Pablo escribe en 1 Corintios 2: 6, "La persona natural no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura, y no puede entenderlas porque se disciernen espiritualmente". De este versículo podemos concluir que la única forma en que Dios nos permite captar su Evangelio de gracia es si el Espíritu nos da entendimiento de este Evangelio.




 

Dios del cielo

mira con misericordia a todos los consumidos por ignorancia y codicia y que todo el mundo sepa que eres Dios por los siglos.

Padre celestial, venimos hoy como aquellos que deben pronunciar un amén a las declaraciones que acabamos de escuchar y leer. Tu palabra es verdad.

 

            Éramos los rebeldes y caminamos en la corrupción. Y aun todavía .  .   .

            Tu Palabra nos dice que incluso antes de eso,

                        antes de que nos vieras en esa condición,

                        antes de que existiera el tiempo,

            que en tu gracia nos elegiste para encontrarnos seguros en tu Hijo, Jesucristo.

            Nos pusiste en el camino que conduce a la adopción eterna y perfecta como hijos tuyos.

            Tú, en la plenitud de los tiempos, enviaste a Tu Hijo a este mundo para tomar sobre Sí mismo:

                        Nuestra rebelión.

                        Nuestra corrupción.

                        Nuestro mal.

                        Nuestra ignorancia.

            Jesucristo, nuestro perfecto Sustituto y Salvador.

            Por eso te damos gracias por la salvación,

                        nacido en un pesebre;

                        nacido en humildad pero resucitado en gloria y poder;

                        nacido para morir pero también para reinar en santidad y vida eterna;

                        nacido bajo la maldición de la Ley pero cumpliendo la Ley en perfección y gloria.

Él es nuestro redentor y Señor.

Te damos gracias por hacer que el Espíritu Santo tome nuestros corazones muertos y nos dé vida con Cristo.

            Cómo nos atrajo a Tu Hijo.

            Cómo nos llevó a la fe salvadora.

            Cómo, a través de Él, fuimos llevados al Cuerpo de Jesucristo, la Iglesia.

            Cómo, en Él, estamos sellados y guardados a salvo hasta ese último día.

 

Hoy nos ponemos de pie para cantar de alegría y canciones de triunfo.

Alzamos nuestras voces en santa rebelión contra las fuerzas espirituales que son derrotadas por nuestro Señor.

Cantamos y escuchamos y aprendemos para que en esta iglesia demos a conocer la esperanza y la gloria que se encuentra en Jesús nuestro Señor.

 

amén





 

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