En este mundo ruidoso y disperso en que vivimos es difícil a veces separar tiempo de calidad para orar y meditar sobre la vida espiritual.

 

la soledad y el silencio son importantes en la vida espiritual. 

A veces, en este mundo ruidoso, parece difícil sintonizar con Dios para escuchar lo que tiene que decirnos. 

 

Puedes pensar que Dios esta contigo incluso hasta en los momentos mas ajetreados del día, eso es correcto,

 

sin embargo es en el silencio de la soledad donde nuestros sentidos se agudizan mas poderosamente conectando así mas profundamente nuestra mentalidad finita a la voluntad y la presencia de Dios de una manera mas efectiva.

 

Es tomar seriamente nuestra necesidad de acallar el ruido de nuestras vidas, es alejarnos de nuestra absorción en las relaciones humanas por un tiempo para darle a Dios nuestra atención mas consciente.

 

En la soledad, Dios comienza a liberarnos de nuestra esclavitud a las experiencias humanas, porque allí experimentamos a Dios como nuestra mejor realidad: Aquel en quien vivimos, nos movemos y somos. 

 

En soledad, nuestros pensamientos y nuestra mente, nuestra voluntad y nuestros deseos se reorientan hacia Dios, por lo que nos sentimos cada vez menos atraídos por las fuerzas externas y podemos responder más profundamente a la voluntad y los propósitos de Dios en nosotros.

 

En silencio, no solo nos retiramos de las exigencias de la vida cotidiana, sino que también permitimos que el ruido de nuestros propios pensamientos, esfuerzos y compulsiones se calmen para escuchar una Voz más verdadera y confiable. 

 

Confiar en nuestros propios pensamientos y palabras, incluso puede ser una faceta de la necesidad de controlar las cosas pero no siempre son efectivas.

 

Es en silencio estamos más dispuestos y capaces de entregarnos a la iniciativa amorosa de Dios. En silencio creamos un espacio para la actividad de Dios en lugar de llenar cada minuto con el nuestro.

 

La soledad y el silencio no son, al final, sobre el éxito y el fracaso. Se trata de vivir y permitir que Dios haga el resto. 

 

No son un fin en sí mismos; son simplemente un medio a través del cual nos ponemos regularmente a disposición de Dios para la obra de transformación que solo Dios puede lograr.

 

Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.” Salmos 46:10

 

Las disciplinas espirituales están llenas de aventuras, porque el mismo Dios quiere encontrarte allí. A donde quiera que te alejes del ruido y la vida ocupada para conectarte con El, él cambiará tu vida en formas que van más allá de las palabras.

 

Ahora te presentaré 8 Pasos Para Conocer A Dios EN EL SILENCIO DE LA SOLEDAD

 

  1. Busca momentos con Dios

Presta atención a eso que se ha quedado en tu alma. Nota los sentimientos de desesperación y deseo que experimentas en varias oportunidades.    

2. Busca momentos de soledad

Incorpora el silencio y la soledad en tu vida regularmente. Elige un momento y lugar para alejarte de la vida diaria y pasa por lo menos 10 minutos en silencio y soledad tan seguido como puedas. Pide a Dios que te ayude a expresar tus necesidades de él a través de una oración sencilla y escoge una posición física que te permita estar cómodo y alerta para que puedas honrarlo.

 

3. Resiste

No dejes que nada te distraiga de poder dedicar y pasar momentos regulares buscando a Dios. Confía todas tus preocupaciones a Dios en oración de manera que puedas tener la libertad de estar completamente presente con él durante esos momentos. Si el pasar tiempo en soledad y silencio te pone ansioso o temeroso, dice lo  a Dios y pídele que te consuele.

 

4. Libérate de las cargas

Busca el descanso de tu cuerpo, mente y alma. Ora por la sabiduría que necesitas para reconocer que has llegado a un punto de cansancio – exhausto por las exigencias de la vida, hasta el punto en donde no puedes escuchar mas la voz de Dios. Acepta la invitación de Dios a descansar en su presencia.

dale a tu cuerpo el descanso que necesita durmiendo lo suficiente, haciendo ejercicio, alimentándote de forma adecuada y tomando agua regularmente. Mientras pasas tiempo en soledad y silencio, respira profundo y deja que la paz de la presencia de Dios invada tu cuerpo. Deja atrás esas preocupaciones en las que tu mente trata de enfocarse.

Pide a Dios que tranquilice tu mente para escucharlo con tu espíritu, confiando en que él va a responder a tu oración positivamente.

 

Si las cargas pesan en tu alma, confiésalo a Dios. Cuando tu alma se sienta mas descansada y  sosegada estarás mas receptivo.

 

5. Abraza el vacío

No trates de negar o evadir el vacío que a veces sientes dentro. En cambio, reconoce que puede ser bueno cuando te motiva a buscar a Dios. Siente como el dolor de tu vacío EMOCIONAL libera espacio en tu alma para poder recibir de forma abundante la presencia de Dios.

6. Acepta la verdad

Mírate cómo eres en verdad y deja que Dios te ayude. En vez de esconderte de Dios, negando quién eres o tratando de controlar lo que otros piensan de ti, permite que la verdad acerca de quién eres salga a la superficie-

 

 durante la soledad y el silencio – mírate a un espejo y enfrenta la realidad de la persona que ves, plena y con todas sus cualidades defectos.

Luego recuerda que Dios te ama profunda e incondicionalmente, y pídele que te encuentre allí donde estás y te ayude a ser más la persona que deseas ser.

 

Usa cualquier percepción negativa que tengas sobre ti mismo para aceptarte y acercarte más a Dios, con la confianza de que te ayudará en cada paso del camino. Ten en mente que Dios está para ti. Así que muéstrate completamente a Dios, tal y como eres, por que amará tal como eres.

7. Pide por tu orientación

Mientras más tiempo pases con Dios en soledad y silencio, más aprenderás a reconocer su voz cuando te hable. Pide la orientación que necesitas para tomar buenas soluciones, y permanece atento a la presencia del espíritu santo.

8. Comparte tu amor

Deja que el amor que has experimentado durante los ejercicios en la soledad y el silencio, se desborde en la vida de otras personas. Cada vez que regreses afuera luego de pasar tiempo con Dios en la soledad, Toma lo que Dios te ha dado y úsalo para bendecir a otros mientras te relacionas con ellos.

 

 

El silencio te acaricia, te serena el corazón, te centra en lo esencial. En el silencio podés escuchar la voz profunda de tu corazón que habla con verdad.

 

La soledad no es ausencia es encuentro.

 

La falta de soledad te dispersa, te masifica, te aleja de los otros, te ausenta del mundo como si fueras un clon sin alma.

 

La soledad te ordena, te fortalece, te da perspectiva. En soledad podes poner delante de ti a todas las personas que gravitan en tu mundo.

 

El ejercicio de la soledad te ayuda a volverte un ser presente con pies bien afirmados en la realidad.

 

 

La oración te pone en contacto, intimidad y encuentro con AQUEL que es el único capaz de amarte plena, total y desbordantemente. El dios que te conoce y te ama.

 

Si la sola presencia de un buen amigo te reconforta y una conversación amena te robustece; ¿cuánto más te llenara, hundirte en la presencia y la charla con el autor de la vida?

 

¡Querida amiga! ¡Querido amigo! busca el silencio y la soledad cuando precises crecer. Y dialoga con Dios siempre que puedas en todo momento.

 

Que el Dios que te ama, te bendiga, te proteja y te conceda un corazón rebosante de amor para dar.



 

 

 

 

 

 

 

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