Exhortación a los guardas del templo

Cántico gradual.

134 Mirad, bendecid a Jehová,
    Vosotros todos los siervos de Jehová,
    Los que en la casa de Jehová estáis por las noches.

Alzad vuestras manos al santuario,
Y bendecid a Jehová.

Desde Sion te bendiga Jehová,
El cual ha hecho los cielos y la tierra.




Este Salmo es el último Salmo del Salterio judío. Como tal, es una especie de bendición. Apropiadamente, primero se ofrecen bendiciones al Señor; los siervos del Señor, que custodiaban la casa del Señor de noche, fueron llamados a bendecir al Señor continuamente. Cuando los verdaderos creyentes piensan en todas las cosas maravillosas que Dios ha hecho por ellos, la alabanza y la bendición para Dios les da poder incluso durante las vigilias nocturnas. Entonces Dios, que hizo el cielo y la tierra, bendice a su pueblo. 


¿No es asombroso reflexionar sobre eso? no podemos evitar alabar a Dios por todas las cosas que hace por nosotros, pero ¿por qué nos bendice? ¡Verdaderamente tenemos un Dios grande y maravilloso con un amor más allá de nuestra comprensión! Como creyentes, hemos reclamado la sangre de Cristo que cubre nuestros pecados ante un Dios justo y santo. Dios podría haber dejado este mundo solo sin intervención y eventualmente todo se habría autodestruido. 

 

Nunca comprenderemos a este maravilloso y santo Dios al que servimos, pero ¡oh, cuán agradecidos deberiamos estar por la gracia que nos mostró a nosotros, un pueblo tan indigno! Que seamos diligentes en la lectura y el estudio de la Palabra de Dios y luego en orar para que Su gracia obre en nuestros corazones y vidas. Que Dios nos conceda el amor por los perdidos que vemos todos los días. Que nuestro corazón anhele su salvación, y que Dios nos conceda la oportunidad de compartir a Cristo con ellos tanto en nuestras acciones como en nuestras palabras.


Como el salmista, ore hoy para que verdaderamente bendiga a Dios incluso en las vigilias nocturnas; luego, ore para que la bendición de Dios sea sobre usted. 




Oh Dios, gracias por la oportunidad que tengo de hablar contigo. Gracias porque puedo derramar mi corazón cuando las cosas no van bien y saber que me escucharás y responderás en el mejor momento. Gracias por permitirme alabarte y agradecerte por todas las cosas maravillosas de mi vida, incluso por la vida misma. Gracias por el perdón que me has dado en Jesucristo. Ayúdame a orar a menudo, sabiendo que escuchas y siempre haces lo mejor para mí. Oro en el nombre de Jesús.




 

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