Salmos 8 Reina Valera Actualizada (RVA-2015)

La gloria divina y la dignidad humana

Al músico principal. Sobre Guititc. Salmo de David.

Oh SEÑOR, Dios[a] nuestro,
¡cuán grande es tu nombre
en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos.

De la boca de los pequeños
y de los que todavía maman
has establecido la alabanza
frente a tus adversarios
para hacer callar al enemigo
y al vengativo.

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas
que tú has formado,

digo: “¿Qué es el hombre,
para que de él te acuerdes;
y el hijo de hombre,
para que lo visites?”.

Lo has hecho un poco menor que los ángeles,
y lo has coronado de gloria y de
esplendor.

Le has hecho señorear sobre las obras de tus manos;
todo lo has puesto debajo de sus pies:

ovejas y vacas, todo ello,
y también los animales del campo,

las aves de los cielos y los peces del mar:
todo cuanto pasa por los senderos del mar.

Oh SEÑOR, Dios[b] nuestro,
¡cuán grande es tu nombre en toda
la tierra!

 

 REFLEXIÓN

El salmista contempla las maravillas de la creación: el cielo estrellado, el reflejo plateado de la luna, los animales al servicio del hombre, y las bocas de los tiernos infantes que, pendientes de los pechos de sus madres, proclaman la grandeza y providencia del Creador.

Es como un comentario poético a la obra de la creación narrada en el cap. 1 del Génesis. El hombre es el representante de Dios en la obra de la creación. Todo ha sido creado al servicio del hombre, y éste al servicio de Dios, por estar hecho a «imagen y semejanza suya». El salmista, lejos de reconocer como divinidades a los astros y a la misteriosa transmisión de la vida, lo presenta todo como obra del único Dios del universo, que gobierna todas las cosas con «número, peso y medida» (Sab 11,21). El poeta, extasiado ante tanta grandeza cósmica, se admira de que el Creador omnipotente se preocupe de un ser tan insignificante como el hombre. Sin embargo, éste es el rey de la creación por llevar el sello de lo divino en su alma.

los encargados de entonar este canto; en el cielo, son los astros quienes nos impulsan a dilatar nuestro espíritu en un horizonte abierto y a proclamar la grandeza de Dios.

 

ORACIÓN 1

Oh Dios,

te agradecemos por esta tierra, nuestro hogar; por el cielo ancho y el sol bendito, por el océano y los arroyos, por las colinas imponentes y el viento que susurra, para los árboles y la hierba verde.

Le agradecemos nuestros sentidos por los cuales escuchamos las canciones de los pájaros, y vemos el esplendor de los campos de trigo dorado, y saboreamos las frutas de otoño, nos regocijamos en la sensación de nieve y olemos el aliento de las flores de primavera.

Danos un corazón abierto de par en par a toda esta belleza; y sálvanos de ser tan ciegos que pasamos desapercibidos cuando incluso el arbusto espinoso común está en llamas con tu gloria.

Porque cada nuevo amanecer está lleno de infinitas posibilidades de nuevos comienzos y nuevos descubrimientos. La vida cambia y se renueva constantemente. Gracias Querido Dios por crear una belleza tan gloriosa en este mundo y gracias por darme la capacidad de apreciar Tu creación.

 

 

ORACIÓN 2

“Querido Señor, ¡qué glorioso eres! ¡Padre, tu majestad llena mi mundo! Cuan extraordinarias son tus maravillosas obras de creación, que me rodean diariamente. Ayúdame a abrir mis ojos a tu esplendor. Señor, te revelas a mi en la naturaleza. Tu creación es nuestra primera visión de ti, pero eres mucho más que tu creación. ¡Tú eres el creador y sustentador de todo!

“Gracias por la belleza de los árboles, los pájaros y las flores. Gracias por los arroyos y los ríos que corren. Gracias por las majestuosas montañas y el cielo que llenan de asombro nuestras mentes. Gracias por las noches llenas de estrellas y el sol lleno de luz. Nos has bendecido con ojos para ver y oídos para escuchar para que podamos ver tus maravillas que llenan nuestro mundo.

“Gracias, Padre, por todas las bendiciones y provisiones diarias que me has dado. Abre mi ojos a las muchas obras maravillosas que has realizado para conmigo y que a veces paso por alto. Tu que provees mi alimento, el hogar donde habito. Tu que provees del aire que respiro y solo tu me das vida cada día. Gracias, padre, por tus "hechos asombrosos" que tan a menudo doy por sentado.

“Gracias, Padre, por la obra más maravillosa de todas, la salvación y el don de la vida eterna, que has provisto a través de tu Hijo y nuestro Salvador, el Señor Jesucristo.

“Que meditemos a menudo en todas estas maravillas, que nunca las demos por sentadas. Permítanos hablar de tus asombrosas acciones y hacer que otros consideren la multitud de bendiciones que darás a todo aquel que te honre. Ayúdanos a cada uno de nosotros a declarar Tu grandeza para que todos puedan verte y alabarte, bendiciendo Tu santo nombre para siempre. ¡Que solo Tú recibas toda la gloria! Por que solo tu lo mereces, En el nombre de Jesús nuestro Salvador, oramos, Amén ".

 

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